A veces, simplemente lo sabes. No puedes recordar en qué momento exacto ese escurridizo pensamiento llegó a tu cabeza o por qué no has podido sacarlo de ahí desde entonces, pero lo sabes. Lo miras y todo lo que creías que no era para ti pasa por delante de tus ojos: te imaginas una vida con él, compartiendo vuestro día a día; os ves juntos, con tu familia o con la suya, aunque ahora ambas sean una sola; y empiezas a creer que ese siempre que "resultó ser demasiado tiempo" para la protagonista de una de tus películas románticas favoritas, para ti se queda demasiado corto.
Y no es que no puedas vivir sin él, como se han empeñado en hacernos creer en un sinfín de películas, y canciones, y novelas, y poemas de amor. Sabes que sí puedes, por supuesto que puedes, pero no quieres. Porque él es amigo y es amante, es confidente, es hogar. Porque él siempre suma... Suma amor, suma risas, suma mimos, suma pasión, suma apoyo, suma un hombro donde llorar cuando el mundo se te viene encima... Pero es que, además, sabe cuándo restar: y resta enfados siempre que puede, aunque tú cabezonería a veces se lo ponga difícil; y resta lágrimas; y resta días grises; porque siempre intentará que seas, al menos, un poquito feliz. Pero lo mejor es que las cuentas siempre le salen, porque el resultado siempre es amarte una 'mijita' más cada día. "Más que ayer pero menos que mañana", como en el poema de la autora francesa Rosemonde Gérard.
- ¿Por qué me estás mirando cariño? - su voz te saca de tus pensamientos.
- Me gusta mirarte, ¿no puedo? - aciertas a contestar con tu cara de embobada.
- Sí, mi vida, pero me pones nervioso, - sonríe y tú le devuelves la sonrisa, aunque la tuya es un poco más picarona.
- ¿Todavía, amor? Pero si ya deberías estar acostumbrado, - te burlas un poco de él pero, a la vez, esperas su respuesta.
- Siempre.
Y te encanta. Y rodeas su cuello con tus brazos y lo besas. Y él te devuelve el beso. Un beso suave, húmedo, romántico pero sensual. Perfecto. Y el pensamiento vuelve. Es él. Lo sabes. Y su última respuesta resuena en tu cabeza: "Siempre". Y eso es lo que quieres, que siempre se ponga nervioso cuando lo miras. Que te elija siempre. Que se quede siempre. Que os améis siempre.
